DOLOR NEUROPÁTICO

Sentir dolor no siempre significa que exista una lesión activa en un músculo o una articulación. En algunos casos, el origen está en el propio sistema nervioso: los nervios que deberían "transmitir" la información funcionan de forma alterada y generan señales de dolor de manera persistente o desproporcionada.
Eso es lo que ocurre en el dolor neuropático, un tipo de dolor que puede volverse crónico y afectar al descanso, el estado de ánimo y la vida diaria. En España, según la Sociedad Española de Neurología, afecta a 3 millones de personas y, cada año, se suman 400.000 nuevos casos.
"Es uno de los dolores crónicos más complejos, y en consulta lo vemos con más frecuencia a partir de los 55 años y en mujeres. No suele responder a analgésicos convencionales y necesita un abordaje específico, con tratamientos dirigidos al mecanismo del dolor y un seguimiento estrecho para mejorar la calidad de vida de los pacientes",
Qué es el dolor neuropático y por qué es diferente
Se define como el dolor que se origina por una lesión o enfermedad que afecta al sistema somatosensorial, es decir, a la parte del sistema nervioso encargada de procesar sensaciones como el dolor, la temperatura, el tacto o la postura corporal. Cuando estos mecanismos se alteran, el sistema puede responder de forma anormal a estímulos que, en condiciones normales, no deberían doler.
En la práctica, esto se traduce en un dolor con características típicas —por ejemplo, ardor, descarga eléctrica, pinchazos o hipersensibilidad— y, a menudo, con una evolución persistente si no se aborda de forma específica.
Según la zona del sistema nervioso afectada, se distingue entre dolor neuropático central —cuando la lesión afecta al cerebro o a la médula espinal— y dolor neuropático periférico, el más frecuente, cuando afecta a nervios periféricos o ganglios.
Además, según cómo se distribuya el dolor, puede ser localizado —cuando existe un área concreta y bien delimitada donde el dolor es máximo y consistente— o difuso o irradiado, cuando no se limita a un punto sino que se extiende.
"No hablamos de un dolor por inflamación o por sobrecarga muscular; es una alteración del propio sistema nervioso. Los pacientes con frecuencia comparten descripciones de sus síntomas que son muy específicas",
¿Cómo se manifiesta?
Síntomas positivos:
Dolor espontáneo intenso, punzante, ardiente o persistente.
Parestesias: hormigueo, entumecimiento o sensación extraña.
Disestesias: tacto desagradable que puede resultar doloroso.
Alodinia: dolor ante un estímulo habitualmente no doloroso.
Hiperalgesia: respuesta exagerada a un estímulo doloroso.
Áreas hipersensibles, temblores o contracciones involuntarias.
Cambios autonómicos, como exceso de sudoración.
Síntomas negativos:
Menor sensibilidad al tacto o a la temperatura (hipoestesia).
Menor sensibilidad al dolor (hipoalgesia) o ausencia de dolor ante estímulos dolorosos (analgesia).
Zonas con anestesia (falta total de sensibilidad).
Disminución de la sudoración.
Debilidad o pérdida parcial de la función muscular en casos concretos.
¿Qué lo desencadena y cómo se diagnostica?
El dolor neuropático puede aparecer por distintas lesiones o enfermedades que afectan al sistema nervioso. En el caso del dolor neuropático central, puede deberse a accidentes cerebrovasculares, enfermedades desmielinizantes como la esclerosis múltiple, lesiones o inflamación de la médula espinal, quistes o tumores medulares y algunas enfermedades neurodegenerativas.
Entre las posibles causas del dolor neuropático periférico se encuentran la compresión de raíces nerviosas, algunas infecciones como el herpes zóster o el VIH, y trastornos metabólicos o autoinmunes como la diabetes, la artritis reumatoide o el lupus.
El diagnóstico se basa en criterios clínicos consensuados internacionalmente (IASP), que permiten clasificar el dolor neuropático como posible, probable o definitivo según la historia clínica, la exploración y las pruebas complementarias.
Se apoya en una historia clínica detallada y una exploración neurológica dirigida, valorando sensibilidad, reflejos, fuerza y respuesta a distintos estímulos. Según cada caso, pueden solicitarse pruebas complementarias como:
Electromiografía y estudios de conducción nerviosa.
Resonancia magnética o TAC.
Analítica para detectar causas metabólicas, infecciosas o inflamatorias.
Impacto en la calidad de vida y cómo abordarlo
El dolor neuropático puede afectar de forma significativa al sueño, al estado de ánimo y a la funcionalidad diaria. Por ello, el abordaje debe ser escalonado y personalizado.
Combinamos tratamientos farmacológicos específicos con técnicas intervencionistas cuando están indicadas, siempre con seguimiento y ajustes individualizados.
Fármacos de primera línea como antidepresivos duales y gabapentinoides.
Parches de lidocaína o capsaicina en casos de dolor neuropático localizado.
Bloqueos nerviosos diagnósticos y terapéuticos.
Técnicas de radiofrecuencia.
Neuromodulación en casos refractarios.
Nuestro objetivo es que el paciente recupere calidad de vida y que el dolor deje de marcar su día a día.
